EL QUE LA SIGUE, LA CONSUGUE
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Las expresiones populares parecen resumir, en pocas palabras, la experiencia acumulada de diferentes generaciones. Sin ser fórmulas que se cumplan al cien por cien, sí podemos decir que son tendencias que se repiten con cierta frecuencia, sobre cómo afrontamos la vida.
Refrán: “El que la sigue, la consigue”.
La clave que se deja ver con este dicho es: la constancia, sugiriendo que la llave del éxito reside en perseverar, en insistir una y otra vez sobre el objetivo, hasta que finalmente logremos alcanzarlo a fuerza de mantenernos en el empeño.
Expresado de otra manera, nos trae una versión optimista de la vida, defendiendo que un mensaje que reside en la disciplina y en confiar en el proceso nos llevará a recorrer el camino que nos conduzca, sí o sí, hasta la meta.
Este ángulo del refrán es muy interesante, porque nos invita a no rendirnos ante la primera dificultad que nos encontremos, algo que en parte no le falta razón, dado que muchos avances personales y profesionales se han construido precisamente sobre la repetición, la práctica y la mejora progresiva.
Se sostiene, sin temor a equivocarnos, que -sin continuidad- rara vez se alcanzan resultados sólidos, o al menos, parte de los mismos.
Podemos afirmar que el mensaje puede servir como una especie de antídoto ante la frustración temprana. Así, cuando un proyecto no avanza al ritmo esperado, es útil recordar que el proceso es acumulativo, generando de esta manera sostener la motivación para tolerar los tropiezos inevitables en cualquier camino que emprendamos.
Sin embargo, como en todos los refranes, debemos tener en cuenta algún que otro matiz, siendo esto necesario para comprender que estas frases no son leyes inamovibles.
En este caso, la reflexión “en negativo” se centra en el riesgo de que la insistencia se convierta en obstinación ciega, y no se tenga en cuenta que no todos los objetivos merecen el mismo sacrificio, y que no todo esfuerzo garantiza el éxito, tal como habíamos imaginado antes de empezar cualquier proyecto.
Es más, persistir sin límites y sin revisar la estrategia, puede llevar a un desgaste innecesario e insoportable, tanto en la parte emocional como física, incluso también en la parte social de nuestras vidas.
También existe el riesgo de que el refrán se use para provocar culpa a alguien que no alcance la meta propuesta, desde la base de “…si no lo consigues es porque no lo intentaste lo suficiente”, ignorando con ello factores externos, contextos adversos o límites reales que se escapan al control de cada persona.
La perseverancia saludable no consiste en repetir lo mismo de manera indefinida, sino en ajustar el rumbo cuando sea necesario, ya que seguir no significa hacerlo en línea recta, sino que a veces implica detenerse, aprender y redefinir el objetivo.
Cabe también preguntarse si lo que se está persiguiendo desde hace un tiempo sigue siendo coherente con los propios valores actuales. Continuar en la senda sólo por orgullo puede que nos aleje de lo que realmente se necesite, generando un desgaste que pasará factura, queramos o no.
El equilibrio se genera desde la combinación de la constancia y la flexibilidad, manteniendo el compromiso con lo importante, pero sin convertirlo en una carrera ciega, que ignore las señales del agotamiento o del cambio de prioridades.
Quizás ahora es el momento de pensar: “…bien, y dónde pongo ese límite”. Únicamente tú puedes responder a esta pregunta, lo que te sirve para detenerte en un tema no te servirá para otro asunto.
La clave es revisar esos mensajes que tu mente y tu cuerpo te envían, considerando que tú eres la persona que mejor sabe cómo te sientes y qué reservas tienes. En este sentido, recuerda que -como con los coches- no debemos ir demasiado tiempo en reserva ni muchas veces, ya que corremos el riesgo de ensuciar el motor o de quedarnos sin energía sin darnos cuenta, y entonces las consecuencias negativas se vuelven demasiado caras para compensar con el objetivo marcado.
Puede que mirar atrás consiga ayudarte dónde la perseverancia te ayudó y dónde la terquedad te pasó factura. Ser honesto contigo mismo ayuda a decidir cuándo insistir y cuándo soltar.
Cuidado también cuando eres tú quien anima a alguien a continuar en su proyecto. Sin darte cuenta, puedes estar cruzando esa fina línea que separa: apoyar VS presionar.
PARA REFLEXIONAR:
¿Perseveras desde el análisis inteligente o insistes desde el orgullo en
asuntos que deberían ser revisados o incluso cerrados?


