De nuevo te traigo otra “fórmula breve” de cómo funcionan algunas personas, en cuanto a las decisiones que toman. Recuerda que la clave de lo que te comparto en esta sección está en que lo analices y apliques a tu propio contexto personal. No puedes entenderlo como una norma a cumplir sin más.
Refrán: “El tiempo todo lo cura”.
Seguramente lo has escuchado más de una vez e incluso tú mismo lo habrás usado, también como pensamiento, con la intención de generar un marco de optimismo y de control futuro, ante el dolor que se experimenta en el momento presente.
Este malestar puede tener diversas fuentes que lo generen, pero posiblemente todas tengan un factor común: el duelo, la pérdida, un cambio no deseado en la vida, un proceso por el que se pasa tras una variación vital.
El tema más frecuente quizás sea la pérdida vital, es decir, el fallecimiento de un ser querido. No obstante, existen otros elementos que son también generadores de este dolor, como ruptura de pareja, despido de un empleo o incluso cambio de casa, todas -como antes mencionaba- compartiendo la imposición del hecho a la persona que lo experimenta.
Este refrán se entiende como un mensaje tranquilizador, que dibuja una promesa de resolución del conflicto cuando pase un tiempo no determinado. Algo así como: “…no te preocupes, verás como todo se arregla más adelante”.
En esta forma de entender el refrán, el riesgo que existe se relaciona con la generación de una expectativa que no siempre se cumple y que, sobre todo, no se dará si la persona no se orienta en buscar estrategias para adaptarse a la nueva situación vital que le toca vivir.
Esto es muy común escucharlo en escenarios de pérdida vital, cuando el dolor ahoga a la persona que se queda y el entorno intenta dibujarle un futuro cálido, normalizado y equilibrado, casi transmitiendo que todo irá mejor por “arte de tiempo”, sin necesidad de movilizarse para ello.
Incluso en estos casos últimos, hay una especie de esperanza de estabilidad al cumplimiento de “1 año + 1 día” después del quebranto, casi desde la magia o asociado al tiempo que el cerebro necesita para reorganizar su mundo, como si la persona pudiera estar en “coma social y personal” ese tiempo y el DÍA D todo estará arreglado.
Paradójicamente, entenderlo de esta manera no hará sino paralizar y bloquear a la persona, lo que reducirá sus opciones de resolver el conflicto, acrecentando así el riesgo de cronificarlo.
No obstante, no quiero parecerte sólo crítico con este refrán, como si no tuviera la cara B que sabemos que también tienen.
En este caso, este refrán puede estar orientado igualmente a sugerir pausa y sosiego a la persona, a impedir que se precipite en la toma de decisiones, en un momento donde -casi con seguridad- no es lo más adecuado.
Porque en este sentido, sí es válido compartir que el tiempo sí reducirá algo esa intensidad emocional que se siente en el inicio del proceso de dolor, generando así una perspectiva de una mejor situación para activar soluciones.
Este transcurrir de los días sí dará a la persona más “limpieza mental,” y con ella más recursos para convivir con ello de otra forma.
Además, debe entenderse que ni el tiempo ni las capacidades personales nos asegura eliminar del todo algunas huellas de nuestra vida. Y, es más, ello no implica que sea un fracaso, sino que debe entenderse e integrarse como uno de los muchos aprendizajes que tenemos durante nuestro recorrido vital.
El tiempo debemos acompañarlo de conciencia, esfuerzo y paciencia.
PARA REFLEXIONAR:
¿Hay alguna situación en tu vida que dejaste parada esperando que el tiempo lo
arreglara?
Psicólogo Clínico y del Deporte // Col. AN-2.45


