Comparto contigo un refrán marcado de una forma peyorativa, aunque como te vengo diciendo en cada introducción, la interpretación y uso que hagas del mismo será una cuestión totalmente personal y transferible si así lo consideras, en cuanto a compartir con alguien.
Refrán: “Cría fama y échate a dormir”.
Con este dicho se pretende destacar la importancia de la reputación, en tanto en cuanto lo que otras personas perciben de ti puede mantenerse en el tiempo, aunque seas tu quien no te mantengas igual.
La imagen que proyectas hoy parece apoyarse en logros y buenas acciones de ayer, como una especie de rédito mantenido, protegido casi contra cualquier acto que no se alinee con tu pasado exitoso.
Esto no siempre tiene una interpretación negativa, en cuanto a lo que también se conoce como “vivir del cuento”, sino que puede ser igualmente entendido como una forma de generar confianza en los demás, de “hacerte un nombre”, que viene a implicar que tu presente puede abrir puertas al yo del futuro.
Básicamente, en la vertiente más positiva, implica construir una trayectoria sólida, mostrando compromiso y responsabilidad, simplificando así las interacciones que vayas a tener más adelante.
El matiz viene cuando esa reputación te lleva a una relajación excesiva, asumiendo que lo logrado será mantenido sin esfuerzo, lo que viene a considerarse “echarse a dormir”, descuidando la importancia de actualizar y renovar la buena imagen.
Sin embargo, haciendo un nuevo giro, esta fama positiva también te puede jugar una mala pasada, siendo esclavo de tu imagen y obligándote a mantenerla, como si de un personaje se tratara, que no puede salirse del guion esperado.
Lo anterior puede provocar inseguridad y miedo a fallar, lo que podría generar una paradoja en tu comportamiento, en cuanto a que tuvieras conductas que empezaran a perjudicarte a los ojos de los demás.
Sobra decirte, que esto mismo lo aplicas a la inversa, es decir, en cuanto a cómo observas a quienes te rodean. En este sentido, debes ser muy consciente de si estás etiquetando a alguien por su pasado positivo, usando juicios antiguos para validar el presente.
No obstante, sabes de sobra que lo importante está en el equilibrio, o sea, en considerar de valor la historia pasada y en tener muy presente la realidad actual, comprendiendo que -por lo general- las personas experimentan cambios en ambos sentidos, siendo esto en realidad el punto interesante de la existencia.
No está de más viajar a tu pasado de vez en cuando para recordar cómo eras, qué hacías, cómo te sentías, qué comportamientos eran los habituales, para después regresar a tu hoy y hacer una comparativa sin acritud, con la sana intención de valorar tu progreso y de concretar qué parcelas de tu vida deben ser tenidas más en cuenta, sin activar una autocrítica que te destruya, sino más bien que te haga mejorar.
Hacerlo por los demás tampoco está mal, es decir, comentar con otras personas lo que tú observas en su paso por el tiempo, siempre que te resulte confiable tu relación con esas personas a las que les vas a aportar tu punto de vista.
PARA REFLEXIONAR:
Si te ocurriera a ti, ¿intentarías mejorar o aprovecharías tu éxito pasado?
Psicólogo Clínico y del Deporte // Col. AN-2.45


