MÁS VALE LO MALO CONOCIDO...
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Volvemos para entregarte una segunda reflexión sobre un nuevo refrán, que seguro también habrás escuchado y, muy posiblemente, tú mismo le has dado uso en primera persona al expresarte.
Refrán: “Más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”.
Es fácil que esta afirmación la asocies, incluso de manera inconsciente, con un tema muy de moda en los últimos tiempos, conocido como “el miedo a salir de la zona de confort”, intentando explicar con ello que algunas o muchas personas, prefieren no variar su situación actual por temor a equivocarse en dicho cambio y sufrir un empeoramiento.
Centrándome en el refrán, el mensaje de fondo es que, siendo la actualidad negativa, es preferible mantenerla apoyándote en que, al menos, es algo que controlas, que está en tu mano, que no parece que vaya a generarte más sorpresas.
Es como asumir un peaje cerrado, un precio por evitar la incertidumbre de un potencial deterioro de la situación, del cual no se conoce la reacción que podrías tener.
Hay ejemplos en los que este refrán sí podría ser tenido en cuenta a favor, como en casos en los que hay una urgencia de cualquier tipo y conviene más aplicar los métodos ya comprobados que improvisar con otras formas diferentes de actuar.
Es igualmente aplicable para una persona que está en un período de duelo, el cual es necesario para asimilar una pérdida y, en tal caso, no conviene realizar grandes cambios buscando variaciones anímicas inmediatas, siendo más apropiado aceptar y gestionar el estado de malestar actual, a la espera de una evolución más progresiva.
Sin embargo, como ya dije en el primer número de esta sección, todo refrán tiene una parte negativa en su aplicación, siendo aquí aplicable a situaciones que se dan en ambientes laborales, en los que una persona lleva sufriendo durante un tiempo y no se atreve a dar el paso de marcharse en busca de mejores condiciones porque anticipa que las consecuencias serán peores que las actuales.
Especial mención merecen las relaciones interpersonales, donde muchas personas manifiestan no estar a gusto con el proyecto de pareja que tienen y, aun así, deciden quedarse en el mismo, entre otros motivos porque aplican este viejo refrán, lo que les genera un temor anticipatorio y, con ello, un bloqueo de actuación, permaneciendo en un estado de latencia cronificado.
La mejor manera para favorecer el cambio y actuar para variar una situación actual que no te es grata pasa por el análisis, la planificación y la actuación progresiva. De esta manera, debes valorar qué no te gusta de tu estado actual, lo más concretamente posible, para después pasar a crear una estrategia que recoja los pasos que debes dar para así minimizar los posibles errores de tus conductas de cambio, aceptando que para llevar a cero ese riesgo sólo existe una manera: no hacer nada.
Para ayudarte a dar ese paso, existe una manera -no siempre aplicable- que permite sentirse menos inseguro: generar un punto de reversibilidad, es decir, crear una especie de tope que, sin llegar a él, te dé la opción de regresar al punto de partida.
Recuerda que en los cambios tienes algo en tu contra, que tiene un componente biológico el cual debes gestionar: el cerebro soporta mal la incertidumbre, porque necesita entornos controlados que le “asegure” la supervivencia.
PARA REFLEXIONAR:
¿En qué momento de tu vida te mantuviste sin moverte aplicando este refrán y
qué perdiste por no hacer algo por cambiar?
Psicólogo Clínico y del Deporte // Col. AN-2.45



