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En muchos refranes, podemos encontrar ejemplos de modelos de buena convivencia, intentando con ello que las personas -desde la educación- podamos compartir nuestra existencia enfatizando el respeto hacia los demás.
Refrán: “Es de bien nacido, ser agradecido”.
Con ello, se enfatiza la importancia de reconocer lo que recibimos de los demás, valorando el esfuerzo que la otra persona hace para ayudarnos y satisfacernos, de esa manera se produce la primera de las correspondencias que deberían darse cuando alguien hace algo positivo por ti, sea lo que sea.
Traducido, sería enfatizar lo conveniente de dar las gracias, nombrar la ayuda recibida y, por qué no, devolver esa ayuda cuando sea posible, no por deuda contraída, sino por favorecer la cooperación y sostener esos vínculos.
No en pocos casos, hay personas que -desde el modo L´oréal (porque yo lo valgo)- no ven necesario ni tan siquiera expresar con palabras el gesto reconfortante recibido, normalizando las conductas de apoyo que reciben desde otra persona.
Esto no implica una deuda con la persona, pero sí algún tipo de compromiso, al menos a mostrar interés cuando eres tú quien recibe la petición de ayuda. Si no se da esta reciprocidad, puede provocar que quien ayuda deje de hacerlo por no sentirse apoyado en algún momento, o que siga “sine die”, pero sintiendo una incoherencia en su pensamiento-emoción-conducta, en cuanto a que considere que debe dejar de ayudar a quien mira para otro lado, pero no deja de hacerlo, lo que conlleva un malestar emocional importante, que acaba por traerle problemas serios, tanto psicológicos como físicos.
Esa reciprocidad de “favores” que te comento no implica decir sí a toda petición que recibes, pero sí tener la disposición de escuchar y de intentar, sinceramente, aportar la ayuda que esté en tu mano.
Tampoco es necesario demostrar tu agradecimiento con conductas todo el tiempo; la primera vía para mostrar tu reconocimiento es la palabra, ya sea oral o escrita. Puede valer con un GRACIAS, aunque si le acompañas el por qué y regalas algún elogio, estarás consiguiendo que la otra persona se sienta mejor.
Es también importante agradecer el trato que recibes desde los profesionales, aunque estés pagando por sus servicios. Por ejemplo, me refiero a un camarero, porque ese “gracias” le sabe incluso casi mejor que una propina, y ya ni te cuento si le añades algo como: “buen servicio”, “todo estaba muy bueno”, “eres muy buen profesional”.
Por cierto, si eres tú quien recibe esa gratitud, déjate querer, como dice la canción de José Manuel Soto, porque eso va también a mejorar tu autoconfianza y tu autoestima, y hará que esa persona siga agradeciendo en el futuro a ti o a otras personas.
En este punto, quiero compartir contigo el nombre de dos personas, que han tenido y tienen un trato especial hacia mi persona y mi familia, haciendo con ello que estemos tranquilos y nos sintamos cuidados con su atención, su cariño y su profesionalidad.
Me refiero a Dr. Juan Manuel Poyato y el Dr. Juanjo Muñoz, quienes están presentes en nuestras inquietudes, mostrando su interés en la problemática que les compartimos.
¡Amigos!, GRACIAS DE CORAZÓN, por todo lo que siempre hacéis, destacando especialmente los últimos acontecimientos que han acompañado a mi madre.
Vuestra presencia nos da calma.
PARA REFLEXIONAR:
¿A qué persona se te ha pasado darle las gracias porque has normalizado lo
que recibes de ella?
Psicólogo Clínico y del Deporte // Col. AN-2.45
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