Coronavirus y Confinamiento

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Desde que saliera en el BOE el pasado 14 de marzo que estábamos en estado de alarma, mucho se ha hablado sobre el confinamiento que tenemos, y del seguimiento desigual por parte de la población.

A través de las redes sociales y diferentes medios de comunicación, se han ido -y continúa- aportando diferentes tipos de mensajes con la noble intención de convencer a la gente de lo qué es mejor para ellos, lo mejor para todos. Incluso existen infinidad de consejos, recomendaciones y propuestas para facilitar este complicado y difícil período, en el que te puedes sentir como si te hubieran impuesto una pena de arresto domiciliario.

Con el paso de los días, la población se ha ido claramente concienciando de qué lo adecuado para cada uno, y para el resto, era reducir las salidas a la calle lo más posible, aplicando el distanciamiento físico con los demás, para así aplanar la curva.

Sin embargo, comenzando en España la cuarta semana de confinamiento y con la ampliación hasta el 26 de abril, aún se siguen viendo imágenes de conductas que podrían llamarse de diferentes maneras: insensibles, inconscientes, inmaduras, estúpidas, irresponsables e inexplicables.

Justamente sobre esto voy a hacer el análisis de hoy para ti, intentando aplicar mis conocimientos en Psicología para argumentar, que no justificar, por qué determinadas personas siguen aplicando el confinamiento de manera muy subjetiva, a pesar de los mensajes y de las sanciones que se vienen imponiendo desde hace días.

Te voy a enumerar diferentes causas, expuestas a modo de posible pensamiento que muchas de estas personas tienen para actuar así:

1.- “A mí no me pasará nada”, posiblemente sea el pensamiento estrella, el de la inmunidad en base a: edad, estado de salud actual, otras patologías superadas, sentirse tocado por los dioses, antecedentes genéticos, creerse especial para la Humanidad o vete tú a saber.

2.- “Si me pasa algo, ya estarán los médicos para ayudarme”, una actitud un tanto infantiloide, que podría denotar el haber estado toda una vida protegido y con un Síndrome de la Red claro, con poca responsabilidad sobre sus propios actos.

3.- “Seguro que no es para tanto”, videntes o espías que se sustentan en que toda esta crisis viene exagerada por gobiernos, medios de comunicación y empresas del sector farmacéutico, a pesar de que los datos ya hace tiempo que superan a una película de ficción.

4.- “Si lo hacen los políticos, lo hago yo también”, de ahí la importancia de predicar con el ejemplo, de mostrar coherencia entre lo que se le pide a la ciudadanía y lo que los gestores públicos muestran en sus conductas públicas. Si un político dice estar en cuarentena, debe comportarse como tal, porque hacer lo contrario sirve de modelo -o excusa- para muchos.

5.- “Me sé cuidar perfectamente y no pongo en peligro a nadie”, llenos de confianza desbordada, seguros de que sus decisiones están muy controladas y convencidos de que saliendo a la calle o similar no están generando ningún peligro. Si les sometes a un detector de mentiras dan negativo, es decir, se creen lo que están diciendo.

6.- “Quienes son los políticos para decirme lo que debo hacer”, algo que hemos escuchado de boca directamente de algún aventajado en las propias redes sociales. Si les intentas contrargumentar, no tardarán en ponerte ejemplos de decisiones políticas erróneas en otros tiempos, que usarán como apoyo para reiterarse en sus posturas.

7.- “Si me quedo más tiempo en mi casa, no sé qué sería capaz de hacer”, con ello posiblemente se refieran a una causa basada en la ansiedad o angustia que sienten cuando no pueden salir en varios días, casi lo contrario a la persona que sufre de agorafobia o del llamado Síndrome de Hikikomori.

8.- “Si nadie me ve, no tiene por qué pasar nada”, o sea, ojos que no ven… pues eso, que el virus para contagiar distingue de la presencia de otros humanos, siendo el COVID19 un cobarde cuando el humano está solo, sin compañía. Con esto denotaría una clara falta de información sobre las diversas causas de contagio que están demostradas ya que existen.

9.- “Toda mi vida he hecho lo que me da la gana, y ahora no va a ser menos”, más de … antes muerta que sencilla, fiel a su personalidad, a sus hábitos innegociables, a un estilo que no admite variación. Es lo típico de “soy así o he nacido así”.

10.- “Total, de algo hay que morir”, no estamos necesariamente ante una persona con un trastorno del estado de ánimo o con ideas autolíticas. Es muy común que, quizás por el propio miedo no reconocido, se trate de personas que quieren aparente una normalización exagerada de la enfermedad, el dolor y la muerte. Seguro que no opinan igual si se habla de sus seres queridos.

11.- “Mi hijo tiene necesidades especiales y necesita salir”, “Tengo que salir a comprar” o “Tengo que sacar al perro”, son argumentos de peso, complicados de rebatir, aunque siempre se pueden concretar cuántas salidas se realizan, los lugares de destino y las necesidades reales para hacerlas, especialmente en cuanto a la comida se refiere.

12.- “Tengo que ir a cuidar a mi familiar enfermo” o “Tengo que ir a trabajar”, de nuevo nos encontramos con una explicación bastante potente, ante la cual sólo podríamos decir: Entiendo, ve con cuidado, cumple las recomendaciones sanitarias y evita las salidas que pueda. Poco más.

En fin, seguro que se te ocurren otras posibles causas, que me gustaría que aportaras. No obstante, sea cual sea la explicación de estas conductas incívicas e insolidarias, deben acabarse de manera inmediata, por el bien de todos, incluso de esas mismas personas.


La pregunta del "MILLÓN": ¿Cuál es la razón más extraña que has oído para saltarse el estado de alarma?

Deja tus comentarios. Serán bienvenidos desde el respeto y la libertad de expresión.


Manuel Salgado Fernández

Psicólogo clínico y del Deporte // Col. AN-2.455

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