Tras varias entregas de esta sección, estoy seguro que te estás dando cuenta que el propósito de los refranes es intentar mostrarnos qué tipo de patrones suelen aparecer en la convivencia entre humanos, sin que ello deba hacernos pensar que el refrán “sienta cátedra” sobre cómo nos comportamos.
Refrán: “Quien calla, otorga”.
Como con casi todos los dichos y refranes, el que te presento hoy puede entenderse de utilidad según el momento.
Generalmente, es entendido como un error a la hora de responder a otra persona, ya que se asume la postura de quien esté hablando, incluso aunque en la realidad no se esté de acuerdo con todo lo escuchado.
Si partimos de esta valoración, callarse sin más, sin interrogar más, sin saber todo lo debido, se convierte en una postura de las consideradas estilo de comunicación pasivo, en el que el receptor del mensaje se reserva, por diferentes motivos, su derecho a expresar su inclinación.
Mantener este estilo durante mucho tiempo tiene un precio demasiado elevado, a nivel de autoconfianza y autoestima, generando con ello la tendencia a establecer relaciones de tipo vertical, en la que la persona que calla no tiene más que aceptar todo lo propuesto por los demás.
Es por tanto de vital importancia destacar la necesidad de ser fiel a ti mismo, a tus pensamientos, a tus gustos, a tus opiniones, tus necesidades y tus posturas, para así evitar malos entendidos y para que no te genere un problema importante de interrelación.
Este inconveniente podría ser incluso peor, cuando después -en tu soledad- lamentes tu silencio, hasta el punto de empezar a aislarte, evitando interactuar con los demás, justamente para no tener que sufrir la “imposición” de sus planteamientos.
Además, debes saber que -no en pocos casos- muchas personas que otorgan desde el silencio, suelen sufrir lo que se conoce como el síndrome de “la olla a presión”, es decir, llegará un día en que de tanto callar y asumir lo que dicen los demás, estallarás, pero lo harás yéndote hacia un estilo totalmente contrario: comunicación agresiva.
Si te sucede justo lo anterior, estás perdido, porque tus formas te dejarán en evidencia y te quitarán la razón que tengas en tus postulados, pudiendo ser utilizado por la otra parte para cargar sobre ti, y así, reiniciarse el ciclo de callarte de nuevo.
Aun así, también ocurre que hay situaciones en las que la menos mala de las respuestas sea justamente no responder, incluso abandonar el escenario en cuestión, para evitar confrontar con una persona que no está dispuesta a escuchar nada diferente a lo suyo.
En este sentido, ahora el mensaje es para esas personas que favorecen que su interlocutor se calle, intentando imponer su forma de entender cualquier tema:
Sí, sé que causa sensación de control, incluso placer, que los demás asienten con su cabeza y que su silencio valide tu planteamiento, haciéndote sentir como una persona con gran poder de persuasión y con conocimientos nivel “Dios”.
Déjame decirte que eres tan humano como el que te escucha, y por lo tanto tan falible como cualquiera, eso te sitúa en una postura de necesidad de aprender de los demás, ya que -aunque tú no lo creas- no lo sabes todo.
Si te encuentras con una persona que responde con el silencio, plantéate qué estilo estás usando con ella e intenta, sin presiones y con respeto, que comparta contigo su explicación, ya que cualquier aportación hará tu idea más completa.
Ayudando a personas con este estilo, favoreces una sociedad más rica, porque no son pocas las personas que guardan en su interior una valía enorme, ocultas tras esos silencios.
PARA REFLEXIONAR:
¿En qué modelo te mueves: favorecer el diálogo o imponer tus criterios?
Psicólogo Clínico y del Deporte // Col. AN-2.45
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